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Política: ¿Qué simboliza #spanishrevolution?

mayo 29, 2011

Vivimos unos días en los que parece patente que la sociedad española pide un cambio. A través de Internet y de sus posibilidades de comunicación e interacción social, la juventud comenzó a movilizarse. Y en esa movilización Twitter se ha hecho el principal portavoz a través de temas como el tan nombrado #spanishrevolution. Sin todavía entrar en el contenido, que sea una herramienta así la que ponga en acción a miles de personas por todo el país es noticia, y por eso los medios de comunicación han prestado tanta atención al asunto.

Ahora sí, entrando en materia, es preciso pararse a pensar. ¿Qué simboliza #spanishrevolution? ¿qué hay detrás de las acampadas? ¿por qué surgen ahora y no hace un año? Que sea un hecho tan reciente y tan cambiante hace muy difícil reflexionar sobre él.

  • En un principio, las proclamas iban destinadas al bipartidismo, a la injusticia de la ley electoral (Ley D’Hont) y a la incompetencia de la clase política (“no hay pan para tanto chorizo”, decían muchos). Todo ello bajo el lema “Democracia real YA”
  • Después se relacionó #nolesvotes a la misma movilización. Una manifestación que no tenía visos políticos pasaba directamente a pedir el voto a los partidos minoritarios.
  • Y finalmente la #spanishrevolution busca un #consensodeminimos en el que aunar las peticiones de toda clase de personas; desde parados a jubilados, pasando por feministas, veganos y defensores de animales, hasta llegar al sector de la denominada juventud sin futuro.
Entonces, ¿qué es lo que se pide? ¿hay un objetivo general o muchos intereses específicos? Si preguntamos a los propios manifestantes probablemente obtengamos respuestas diferentes, pero siempre habrá una culpable: la política. Si hay paro, la culpa es de los políticos. Si no hay dinero para ayudas sociales, la culpa es de los políticos. Si algo va mal, en definitiva, la culpa es de los políticos.
Ante esta situación de clara desconfianza ante los políticos, habría que preguntarse qué clase de cambio preferiría la mayoría de la población.
  1. Cambio en la ley electoral. Las cosas no cambiarían mucho con un sistema proporcional puro. ¿Se acabaría el bipartidismo con la ley electoral? Sin saberlo a ciencia cierta, yo me preocuparía por exigir que los programas políticos se cumplan tras las elecciones y, de la misma manera que un jefe puede echar a un empleado por mal rendimiento, someter a los responsables a exámenes periódicos que determinen si la mayoría de la población está o no conforme con su rendimiento. A día de hoy, ganar unas elecciones supone un contrato de permanencia en el poder de cuatro años, un tiempo excesivo para que no haya condicionantes.
  2. Limpia en la política. Imputados o no, se ha generalizado la sensación de que todos los políticos son el malo de la película. ¿Se arreglaría el problema con un cambio en las filas de los partidos políticos? Quizá con candidatos nuevos, que empiecen de cero, la implicación por parte de todos sería mayor; la suya por darse a conocer y la nuestra por conocerles.
Sea como fuere, es el momento de pedir. Quedan diez meses para las elecciones generales y para juzgar si la nueva situación política tras las elecciones del 22 de mayo cambiará algo. Lo que está claro, en mi opinión, es que más que nunca tenemos voz para expresarnos y mecanismos para manifestarnos. Por eso, no es comparable la situación de las revueltas del mundo árabe (donde no hay democracia) a la de España. Tengámoslo siempre claro.
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